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Me levanté una mañana
y decidí navegar en el mar de mis Salinas.
Como no tenía barquilla
imaginé que el piano velero de notas blancas,
al compás de unos tanguillos
me llevaba allá en su quilla
el “Juan Sebastián de Elcano”
buscando el faro viñero
que cuando llega la noche
le da luz al caletero.
Los recuerdos de mi infancia
llegó con la fantasía
cuando la tarde muriendo
en la orilla de mi playa,
con cierta melancolía
se veía y se palpaba
la historia vieja del buque
allá por el horizonte
rompiendo rizos de olas,
y eran muchos marineros
que en la cubierta salobre
cantaban a su velero.
Velero con velas blancas
¡Guardias Marinas, Luceros!
y un contramaestre fiel
que guardaba allí en su pecho
una España de te quieros.
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