|
La mar pecho de Dios
iba y venía suspirando lentamente.
El viento traía de lo lejos
el triste y alegre cantar del marinero,
y era la tarde, un pañuelo extendido
Que se iba alejando de las cosas.
¡De pronto!, emergió su imagen
del fondo de la ausencia,
y yo sentí, lo hermoso que sería morir así,
en la mar, cerca de Dios acunado de brisas y cantares,
y abrazado a tu historia para siempre,
“Juan Sebastián de Elcano”.
Por eso te doy mi música
que navega con el mar,
con la mar de mi teclado
para recordar a España
con Felipe Campuzano.
|
|